Uno de los barrios más antiguos de la ciudad fue victima de movimientos de tierra que los geologos de la época atribuyeron a deslaves y asentamientos de las minas que se encontraban en sus entrañas.

El pasado minero de Tegucigalpa también se ha hecho sentir por asentamientos en sitios inesperados, eso le sucedió al sitio que fue tierra de “indios” donde hoy se ubica el Barrio El Jazmín, dichas fallas aparecieron en 1851 haciéndose notar con enormes grietas que provocaron que algunas de las casas ahí edificadas sucumbieran y que el sector no fuera habitable, pero la mala fortuna no acabó ahí ya que en 1855 un temporal logró labrar la tierra haciendo que parte del vecindario desapareciera llevándose las furiosas aguas del río Choluteca las chozas de los indios y sus sembradíos.

El nombre del lugar data de mucho antes de la independencia y viene de una antigua casa localizada en el sitio donde en sus patios se sembraban jazmines los que con su aroma inundaban el aire de la zona.

Uno de los barrios mas antiguos tiene el “Aroma a Jazmín” y su historia nos las cuenta diario La Tribuna según este texto de Carlos Arturo Matute:

Referente.- Barrio famoso por abrigar la legendaria Escuela Francisca Reyes en donde han recibido el pan del saber innumerables generaciones. Construida en los años sesentas en el punto más bajo de esta zona.

Por: Carlos Arturo Matute.

Son muchas las peticiones que nuestros amables lectores en el país y allende de las fronteras nos hacen diariamente. Hoy, seguramente habrá muchas reacciones de los que vivieron en este barrio capitalino y que por diversas razones tuvieron que partir a otros lares.

El día es caluroso. Tráfico infernal. Con nuestra cámara lo tratamos de “driblar”. Esperar el espacio mínimo del incesante ir y venir de autos, para poder -en su justo momento- captar y traerles algunas  gráficas que dimensionen los rincones del barrio El Jazmín. Y sus alrededores.

CERCA

Ayer. Hoy: Antigua Casa Uhler sobre la calle Salvador Mendieta.Y hoy. De los tramos más prósperos de este barrio.

Aquí nacieron y vivieron honorables familias de antaño cuyos descendientes se destacaron en diferentes campos. Con la ayuda de ustedes -en otra edición- ahondaremos sobre esto.

Repasemos la historia, mis buenos amigos. Cuando los mineros llegaron en 1578 a las orillas del río Grande y se instalaron con el fin de explotar los ricos yacimientos de oro y plata que aquí se encontraban, construyeron sus primeras viviendas en el sitio que hoy conocemos como “Los Dolores”. Cerca de aquí.

Al llegar en 1579 el capitán Juan de la Cueva, nombrado Alcalde Mayor del Real de Minas de Tegucigalpa, todo esto estaba desordenado. Comenzó a organizar el poblado, misión que le encomendó quien lo designó, la Audiencia de Guatemala a nombre de la corona española.

Colonizadores y aborígenes, con el paso del tiempo, poco a poco, fueron distribuidos en los repartos a fin que delinearan la zona. Estos se extendían comenzando desde las faldas del cerro que los aborígenes conocían como “El Zapuzuca”.

Llegaban hasta la margen derecha del río frente a la llamada entonces “Comayagua de los Indios” (Comayagüela) que se bautizó como La Moncada.

Los vecinos de la Villa de San Miguel comenzaron a ordenarse y del centro de la plaza, a poca distancia, surgieron pequeños barrios como La Pedrera, El Jazmín y El Olvido.

PROBLEMAS

Mediados del siglo diecinueve. Tal como la historia ha referido -y aquí consignado en anteriores ocasiones- a medida crecía, el desorden de Tegucigalpa se tuvo desde sus comienzos. Delinear calles y crear nuevos barrios se convirtió en problema.

Su zona habitable, en la génesis, estaba delimitada así: Al norte, por el declive del cerro “Zapuzuca”, al sureste por la hondonada de La Hoya. La explanada paralela al río Choluteca cubría su diámetro en relación a los puntos cardinales.

Antes y ahora. 1939 y 2015. Avenida Cervantes. Trayecto que besa desde la calle Moncada. (Cerca de la casa del doctor Tiburcio Carías que dedicaremos espacio en otra oportunidad) hacia la Catedral y demás.

El poblado se expandía cada vez más y con ello también las dificultades de delineamiento. Algo vino a agravar las cosas. De repente, profundas grietas aparecen en el pequeño llano conocido como “El Jazmín”. Esto fue a finales de 1851.

En noviembre de este año, varias notas aparecidas en el diario La Gaceta, resaltaban que “las grietas aparecieron como hendiduras a unas 50 varas al norte del puente Mallol”.

El asombro de los vecinos fue mayúsculo. Y La Gaceta confirmaba el nerviosismo de los habitantes de esta zona haciéndolo constar.

¿QUÉ PUBLICÓ?

“En pocos momentos había desparecido la superficie plana que es de 84 varas de este a oeste e igual número de norte a sur… asentándose sobre su base sin ningún estrépito, vino a verificarse un derrumbe”. Se publicó.

“El hoyo abertura -continúa- tenía una profundidad de 8 varas y 25 y media de ancho formando un semicírculo de oriente a poniente de 60 varas de largo cuya extensión se hace más notable por la parte noreste”, rezaba aquella información de entonces.

Era la noticia. Las notas referían que “en su centro tres casas, cuatro tapias y muchas partes traseras de patios en su periferia fueron sumergidas y destruidas”. No se reportaron pérdidas humanas.

Algunos geólogos contemporáneos sugieren que por la extensión y forma del desmoronamiento, podría atribuirse a inundaciones de antiguas minas abandonadas.

Apoyan sus argumentos -amplía la nota- con crónicas españolas que registran que mineros coloniales trabajaron esporádicamente la base de la pequeña planicie, por encima del río Choluteca, cavando cortos túneles de sur a norte. “Ampliaron.

¿POR QUÉ “EL JAZMÍN”?

Cuenta la historia que tiempo después, cuando sus habitantes pierden el temor, la zona vuelve a poblarse, en su mayoría moradoress de escasos recursos. Para 1855 un gran temporal transforma el sitio en una rambla.

Sus límites. La larga pendiente estaba demarcada, por un lado, por la parte posterior del cerrito La Moncada y por otro, el “gancho” de los caminos al sur del Banco Central.

En ese tiempo buena parte del vecindario desaparece y las chozas de los indios y sus sembradíos fueron arrancadas por la crecida del río, quedando en el lugar una ladera que poco a poco fue lavada por las aguas.

Aquí lo del nombre. Según Marco Antonio Rosa, todo viene desde tiempos pre-independencia. Se le dio porque en el predio de una antigua casa situada en la esquina de lo que después se le conoció como el “callejón Jockey” sembraban jazmines. Esa blanca y fragante flor que -dicen- perfumaba el sector.

Aquí en este callejón precisamente existió un night club llamado Jockey. De ahí el nombre. No pudimos precisar si aún hay existencia aquí de… esa blanca y fragante flor. Jazmines.

Algo hoy de este lugarcito, El Jazmín, que como ven, ha sido en el devenir de su historia, golpeado por la naturaleza. Por su cercanía con el río Grande. Recuérdese que durante las embestidas del huracán Fifí en 1974 y Mitch en 1998, fue de los sectores más afectados de la capital.

Y por hoy hasta aquí. Hemos dejado otra HUELLA imborrable en el pedregoso camino de un ya largo trajinar.

QUE DIOS NOS CUIDE A TODOS.

Comentarios y más a mi correo: cartute@yahoo.es y en facebook en este enlace.

¿CUÁL ES EL SIGNIFICADO DE LA FLOR EL JAZMÍN?

Durante miles de años, la planta de jazmín ha sido cultivada no solo por la belleza de sus flores blancas, pequeñas y con forma de estrellas, sino que también es apreciada por su fragancia embriagadora. Originaria de las zonas bajas de los montes Himalayas y de las llanuras del Ganges, la planta fue cultivada y llevada a India, China, Medio Oriente y otras regiones. Desde ahí, se diseminó a Francia, Italia y los países del Mediterráneo hasta que, finalmente, fue introducida al resto de Europa Occidental y Gran Bretaña. En la actualidad el jazmín crece y se cultiva, en sus muchas variedades, en todo el mundo.

Origen del nombre

El nombre jazmín proviene de la palabra persa “yasmin” que significa “flor aromática”. También se usa como nombre de mujer y significa “regalo de Dios”. El nombre científico es JasminumOfficinale. Enterados


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