La primer vez que estuve en medio de la nieve se convirtió en un momento excepcional para mi, pero todos los que me rodeaban lo veían como algo de lo más común y corriente, y es que a veces no nos damos cuenta de lo bello que nos rodea porque simplemente estamos acostumbrados a ello y eso es algo que pasa en el mercado, donde sus colores, sabores, texturas, aromas y experiencias cautivan a cualquiera.

Foto de René Vallejo desde la Feria del Agricultor

Hace algunos años tuve como vecino a un francés llamado Lio, él un verdadero trotamundo había recorrido desde Mozambique, islas del Caribe, Europa y finalmente Honduras, a su venida la barrera del idioma no fue impedimento para conversar y una de las preguntas obligadas es ¿qué es lo que más te ha gustado?, y su primera respuesta fue La Feria del Agricultor.

Mi respuesta obligada fue ¿por qué?, a la que dijo, para mí los mercados son el contacto más puro con las personas de los paises, en Mozambique por ejemplo, y no hablo de orden o desorden, todos son mercados específicos, o de vegetales, prendas, etc, en cambio acá son un universo muy bien organizado, la combinación de colores son fascinantes, las mesas de madera donde están colocadas, los palos, cada puesto es un escenario, un poema de vida.

Quizá ese fue el momento en el cual comencé a fijarme en los detalles, y de pronto se abrió un universo para mí, algo tan común en mi vida, ir al mercado, de pronto se convirtió en una experiencia de lujo, esos recorridos traían su propia recompensa, estoy seguro que Lio lo vió desde el primer instante, un poema de vida, de lucha, de trabajo de nuestros compatriotas que con manos ásperas, una toalla al cuello y zapatos con lodo, nos enseñan que ellos no solo cultivan frutas y hortalizas, cultivan esperanza, valores, trabajo, amor por lo suyo y la recompensa es tan colorida que hay que abrir los ojos para disfrutarla.

Solo me acordé de mi primer día en la nieve, pero en este caso era todo más delicioso.


Una Respuesta a “Los colores del mercado, un poema de siembra”

  1. Traer a la conciencia como te podés deleitar en lo más sencillo y universal de la vida, como el color y aroma de las verduras y frutas cultivadas en tu propia localidad. Buen mensaje

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