Antes, a los vendedores callejeros de periódicos se les conocía como “voceadores”, ya que decían en voz alta los titulares de los periódicos con el fin de atraer la curiosidad de los compradores.

“¡La Prensa La Prensa!”

En la actualidad a los vendedores callejeros de periódicos se les conoce como “canillitas”. Surgió a raíz de la obra teatral “Canillita” de Florencio Sánchez.

Tuvimos el placer de conversar con José Antonio, que tiene 38 años de vender periódicos en El Centro y que, hace una vez, también fue voceador.

“¡Honduras perdió! ¡Los jugadores fueron amenazados! ¡Se dejaron ganar por miedo!” Es lo que nos cuenta que vociferaba cuando se vivía la víspera de la guerra del ‘69 entre Honduras y El Salvador.

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José comenzó como vendedor ambulante. Con que amor nos contaba de su trayecto diario, pasando por los Cines Clamer, La Tipografía Nacional (actual Biblioteca Nacional), llegar a La Plazuela, pasando por el Puente del Guanacaste, acercándose al Supermercado Tik Tok (ahora el Más x Menos) y terminando en la Embajada Americana.

Un Punto Fijo

Después decidió comenzar a vender en un punto específico, frente al edificio que antes fue Banco La Constancia, casi llegando a Gobernación (Museo para la Identidad Nacional en la actualidad) frente a lo que hoy conocemos como Paseo Liquidámbar.

Dice Don José que antes, donde hoy caminan los ciudadanos, pasaban buses. Antes, donde hoy disfrutamos de nuestros queridos liquidámbares, existían eucaliptos.

Cuando era cipote conoció el Puente Merriam, y se detenía a comprar atol o arroz con leche en Los Dolores. Se lo vendían en jícaro a 10 centavos.

“Valía la pena caminar por estos lados.”

Nos pasamos toda una mañana escuchándolo; después de varios intentos fallidos, no habíamos logrado empezar un diálogo con las personas que frecuentaban la Peatonal, hasta que llegamos al puesto de venta de Don José. Y cada memoria la saboreaba, la recordaba con detalle minucioso y una gran sonrisa, ¡con que afán recordaba!

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“La modernización es buena, pero debemos de preservar nuestra historia,” nos dijo. Claro, caímos en la conversación de siempre: el centro de antaño y el centro de hoy, como mejorarlo, como ayudarlo, como sanarlo.

Son los recuerdos de capitalinos como Don José que ayudan al centro, que lo mantienen vivo en memoria–y, esperamos, en el futuro que cada vez más se acerca.

La próxima vez que estén en busca de un periódico, visiten a Don José, fuente viva de noticias, historias y recuerdo.


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