Tegucigalpa es linda, no solo por el amor que le tenemos muchos que dejamos nuestro ombligo en ella, es porque lo es.

Y uno de los sitios que resultan más emblemáticos es el Parque Manuel Bonilla, que la mayoría conoce como La Leona pero que hoy y a propósito debe llamarse Manuel Bonilla.

Muchos gobernantes han pasado y son pocos cuya memoria ha sido exaltada con monumentos y espacios públicos. En la escasa lista, figura Manuel Bonilla quien fuera presidente de Honduras por primera ocasión en representación del Partido La Democracia de Honduras.

Manuel Bonilla

Por generaciones, el parque más bello y tradicional de Tegucigalpa lo hemos conocido como La Leona, que al igual que el barrio donde se ubica deben su nombre a una leyenda alrededor de una fiera que bajaba de la montaña a beber agua en dicha zona, nombre que por décadas ha opacado al verdadero, Manuel Bonilla, con el cual fue bautizado años después de la muerte de tal personaje.

En una sola imagen dos homenajes póstumos a Manuel Bonilla, el parque y el teatro
En una sola imagen dos homenajes póstumos a Manuel Bonilla, el parque y el teatro

El parque fue bautizado en memoria del que fuera presidente de Honduras en dos ocasiones y cuyas acciones más recordadas son ser parte gestora de la construcción del puente sobre el río Ulua, de la recuperación del Ferrocarril Nacional de manos de los estadounidenses, fundador de las escuelas normales de nuestro país, impulsor de cultura y educación y propulsor tenaz del Teatro Nacional; legado que hizo que en Tegucigalpa y San Pedro Sula se erigieran monumentos en su nombre, y en todo el país se construyeran escuelas en su memoria.

Actos de vandalismo – Foto de Templarios La Leona

Una vez más, Tegucigalpa es testigo de actos que solo pueden ser avalados bajo la máscara de la barbarie. Hace años le volaron una mano a la estatua de Colón, hoy destruyeron el monumento a Manuel Bonilla. Si avalamos ese comportamiento, pues también hay que volar en pedazos el Teatro Manuel Bonilla, los monumentos de Valle porque el acta de independencia solo fue una transición “amigable” de manos españolas a otras, y así podemos seguir buscando justificación a estos actos despreciables que para muchos son razón de júbilo.

Mejor nos dedicamos a quererlo, a pasar nuestras tardes allí, a disfrutar de aquella vista de la ciudad.

manuel bonilla
Fotografía por Joan Hidalgo

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