Desde un principio, Tegucigalpa se fue poblando alrededor de las minas de donde se extraía la plata que hizo que se reconociera al poblado como Real de Minas de San Miguel de Tegucigalpa. De igual forma, se fueron consolidando los mercados donde se vivía una intensa actividad económica y fue el Mercado Los Dolores el que más realce tomó en Tegucigalpa.

Mercado Los Dolores en 1910 – Foto Presencia Universitaria

En el mismo sitio donde originalmente se construyó una pequeña ermita en los albores del poblamiento de Tegucigalpa, se edificó con capital de los Guirises la única iglesia donde los “indios” pudieron entrar a recibir la misa. Fue así como se edificó la más bella de las iglesias del casco histórico de Tegucigalpa bajo el nombre de Santa María de Los Dolores y frente a ella se ubicó el mercado que lleva su nombre asociado.

Mercado Los Dolores 1920 - Foto de Honduras Hoy
Mercado Los Dolores 1920 – Foto de Honduras Hoy

El Nuevo Mercado Los Dolores

El mercado fue una preocupación de las autoridades y el 1 de junio de 1921 la Corporación Municipal decidió construir unas nuevas instalaciones, comisionadas por el Ingeniero Héctor Medina Planas y el carpintero don Manuel Reyes G. y que debieron concluirse el 31 de diciembre de 1922.

La obra era un edificio de dos sectores, uno de una planta y otro sector de dos niveles partidos por la Avenida Jerez los que estarían conectados con un puente adornado con molduras, un reloj y estandarte de bandera. El proyecto tenía un costo de 133,000 pesos plata.

La construcción sufrió cambios de obra y fue supervisada por Augusto Bessani, extendiendo su tiempo de construcción hasta el 30 de noviembre 1923.

Precioso edificio el del Mercado Los Dolores

El Mercado Los Dolores fue la primera obra de Concreto Armado que la Alcaldía construyó y debido a la falta de experiencia al respecto se dieron ciertas obras que no fueron recibidas hasta ser solucionadas, aprobándose un sobrecosto de 28,889.04 pesos plata.

Es interesante saber que el Mercado fue construido con valores recibidos de la compañía minera Nueva Rosario en concepto de impuestos de explotación de los minerales de San Juancito.

El final del bello edificio llegó en la administración del Arquitecto Merriam en la cual se decidió botar el antiguo edificio que acompañó a la iglesia por cerca de 60 años, un edificio robusto que costó un mundo botar debido a una estructura sólida que asombró a los ingenieros y estudiantes de ingeniería de ese entonces.


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