Del libro de Doña Leticia de Oyuela, De Santos y Pecadores, tomamos la base para este resumen sobre una de la calles más emblemáticas de la ciudad, un artículo con todo el sabor de nuestras calles capitalinas…

La emblemática calle Las Damas
La emblemática calle Las Damas

Según los relatos de Doña Leticia, en 1789 y por su dudosa conducta, se desterró de la circunscripción de la Villa de Tegucigalpa, a la señora Juana Gómez y a su hermana, Nicolasa viuda de Irías, por el escándalo continuado y las quejas de sus vecinos que han acreditado que reciben en su casa, de día y de noche, tanto a solteros como a casados, interrumpiéndoles el sueño por las continuadas ejecuciones de música y danzas con panderos y violas que acostumbran…

Entre pedradas de niños traviesos, críticas y desaires de las señoras de sociedad, las hermanas tuvieron que refugiarse en una galera ubicada en el barranco de La Pedrera y con el paso del tiempo lograron reiniciar su “negocio” y recibieron a otra desventurada como parte del grupo que, además de haber estado encinta de un hombre casado, tenía por costumbre practicar las artes mágicas y por el constante  ir y venir  de las damas más encopetadas que iban a consultar a esta bruja, el barranco pasó a llamarse Calle de las Damas.

Un siglo después, el presidente Bográn inauguró la vieja calle de La Ronda, que conservó su nombre colonial por el paso permanente de la Ronda de la Santa Hermandad, que cuidaba la moral de los habitantes de Tegucigalpa.

La calle casi colgante, que comunicaba la pedrera con la avenida de moda, bautizada con el nombre de Avenida Jeréz, en honor al liberal nicaragüense Máximo Jerez, se prolongaba hasta la nueva avenida Gutemberg en la que los elegantes –incluyendo al señor presidente Bográn-desfilaban por las tardes en sus hermosos caballos bayos.

Caracoleando sobre el empedrado y sonriendo, volvían a ver las humildes casitas, casi colgantes, del callejón que se seguía llamando La calle de las Damas, en recuerdo de aquellas tres desamparadas mujeres.

Y ahora usted ya lo sabe


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