Es para mí que El Centro, (y si, es una persona) este ente vivo, que poco a poco me fue absorbiendo por todo menos su encanto.

Fue este conglomerado de situaciones, personas, pláticas y rutinas (ocasionalmente una que otra imagen) que fueron para bien o para mal transformando mi vida, mi persona y mi ser en alguien al que hoy estoy dispuesto a dar la mano, (supongo que tanto la degeneración personal como el ensalzamiento espiritual me hicieron mi amigo).

Fue entonces como dejé de gustar por la comida de casa, por la rutina de leer el periódico en el parque Valle, mientras lustraban mis zapatos (si, era una de esas personas que vestían de saco y corbata a diario), para posteriormente ir a la Mini Cafetería por una burra de esas que más parecen almuerzo para alimentar todo un escuadrón militar.

mini-cafetería

Logré gracias a eso aumentar de talla veintisiete en pantalón a treinta y cuatro, (esta fue la degeneración) pero fue esta degeneración la que me invitó a pedalear al Barrio Abajo, a mi lugar de trabajo por más de cinco años, en los que, por las distancias, básicamente vivía en mi carro, pues salía de mi casa a las 5:50 AM, para llegar a mi rutina a las 6:15 solo para tener parqueo. Dormía en mi carro de 6:30 a 8:00, (poco productivo hasta que conocí a G. quien me prestaba muchos libros, y seguía mi degeneración). Pues resulta que salía a las 4:00 PM de la tarde para llegar a clases a una universidad al otro lado de la ciudad.

Básicamente solo llegaba a dormir a mi casa.

Fue entonces cuando dije, no, esto ya no puede seguir, y decidí conocer en primera instancia todos los comedores del centro (bueno no todos, al menos todos del Barrio Abajo hasta la Ronda), así como todos los hotelitos, todos los chinos, todos los comercios, con el único afán de caminar los pocos ratos libres que tenía. Después de varios pares de zapatos, un par de sandalias y seguramente algunas pantuflas, puedo decir sin lugar a equivocarme que me uní con El Centro de una manera que yo fui parte de él.

manuel bonilla
Fotografía por Joan Hidalgo

Puedo recordar no más que personajes con la esperanza de volverlos a ver, amigos que ya no están, chefs que nunca cocinaron, mi amiga de cabello rojo que sin importar que situación fuera me decía buenos días y buen provecho, mi amigo que siempre que me miraba tocaba en el violín Father And Son (me gusta creer que solo a mí me tocaba esa canción), doña Sobeyda quien ya sabía que yo era el cipote raro que no almorzaba “almuerzo” y le guardaba su burrita para medio día, Beto, quien se tomó la molestia de mostrarme todas las casas de citas del centro a cambio de que le enseñara a manejar en su Toyota Starlet del ‘77, Jorge a quien me tocó ir a “rescatar” en una de las famosas ambulancias del IHSS, a quien agradezco me enseñara a confiar en mi trabajo, quien me curó la abogaditis aguda, y finalmente G. quien, al día de hoy, me aconseja en todo lo que posiblemente se me pueda ocurrir, haciéndome ver hacia atrás.

El Centro es mi amigo, el centro es un músico, el centro es un filósofo, el centro es un chef, el centro es una amiga, el centro es Jean Carlo….


Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *