Para las personas de este tiempo es difícil imaginarse un mundo privado de las facilidades que las telecomunicaciones permiten, enviar y recibir hoy un mensaje es cosa de segundos e incluso se tiene la posibilidad de hacer conversaciones auxiliadas por video de forma simultanea, eso es hoy…

El mundo dio un salto enorme con la llegada del telégrafo, un aparato sencillo y que mediante el uso de la clave Morse era capaz de enviar y recibir mensajes en tiempo real, mensajes que solo años atrás eran posibles mediante el uso de cartas transportadas por caballos y carruajes.

El Telégrafo llegó a Honduras en 1876 y las primeras comunidades importantes en ser enlazadas con la “linea de cobre” fueron Tegucigalpa y Comayagua.

Para poder hacer funcionar el sistema se tuvo que crear la oficina de Telégrafos la cual se instaló en una casa que estaba localizada en el mismo lugar donde está El Palacio de las Telecomunicaciones, fue en ese mismo lugar donde se realizaban las capacitaciones al personal involucrado y de forma indirecta se creó una nueva profesión, la del Telegrafista, menuda distinción en el mundo de principios del siglo XX y donde dichos profesionales era diestros en la clave Morse y la mecanografía que utilizaban para “traducir” los mensajes a los interesados.

Los mensajes de telegrama eran muy cortos por lo que exigían brevedad en la exposición del mensaje a enviar, algo que no era fácil para la mayoría y que obligaba a que el telegrafista fuera también una persona versada en las letras ya que debía asegurarse que lo que se quería enviar a decir era lo que se deseaba, aunque no siempre se lograba.

La primer instalación física del telégrafo se llamó “Telégrafo Nacional de Tegucigalpa” y después pasó a llamarse “Palacio de Comunicaciones Eléctricas” ya con la incorporación de un sistema incipiente de telefonía.

Pero el proceso de un telegrama era de acuerdo al cliente, el sistema básico consistía en que usted llegaba a la oficina de telégrafo emisora y ahí dictaba su mensaje al telegrafista, este lo codificaba y enviaba, al otro lado el telegrafista receptor quien era el que descifraba el mensaje enviado lo transcribía a papel, a partir de aquí comenzaba la diferencia en el precio, porque los “normales” serían entregados el mismo día o el día siguiente en la casa del destinatario por medio de personal del telégrafo que se desplazaba en horas laborables, pero si su telegrama era “urgente” este era enviado ipso facto a la casa del destinatario y por supuesto el costo era superior.

Muchos chismes de la ciudad se originaron por fugas de información en la linea de mensajes, pero nadie se atrevió a dudar de la secretividad de los telegrafistas.


17 Responde a “Si quieren les envío un Telegrama…”

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