Desde el primer día que comenzamos la iniciativa de Vuelve al Centro nos enfocamos en una frase, “Nadie valora lo que no conoce”, y es cierto. Usted puede heredar una prenda que en apariencia no tiene valor y fácil la regala, menudo arrepentimiento después al darse cuenta de que era una joya inigualable, hasta ahí “le cae el veinte”.

No nos cae el veinte de que no se cayó la biblioteca se está cayendo un tesoro
No nos cae el veinte de que no se cayó la biblioteca se está cayendo un tesoro

Tegucigalpa es un baúl de tesoros, donde la mayoría permanecen bajo la indiferencia colectiva y hasta de las autoridades, todo porque no saben de su valor, aunque algunos bien lo saben.

No Nos Cae el Veinte

Abundan fotos de hondureños posando con las ruinas de Antigua Guatemala o en medio de las calles de Cartagena de Indias, en Granada o en el Casco Histórico de Panamá, claro, porque están engalanando su presencia ante monumentos históricos donde quizá en su mejor momento de esplendor eran casas de habitación, monasterios o a saber que cosa, y por supuesto que de encontrarse en uno de esos viajes ante la antigua Casa de la Moneda de esos sitios,  no vacilarían en tomarse más fotos, pues eso es precisamente lo que es el edificio de la Biblioteca Nacional, la antigua Casa de la Moneda de Tegucigalpa.

biblioteca nacional

El Edificio más Importante de la Época Colonial 

En 1780 y durante el tiempo de la colonia española, Tegucigalpa se convirtió en Villa. Con ese titulo y considerando la enorme producción de plata, la Corona Española ordenó la construcción de  la “Caxa Real o Casa de Rescate”, edificación que serviría para que los lugareños entregaran la plata en bruto a cambio del equivalente en la unidad monetaria vigente, el edificio más importante de la época española.

Dada su importancia, para poder iniciar la construcción se siguieron los más estrictos protocolos de esos tiempos; se realizaron los planos constructivos y se enviaron a la Capitanía General de Guatemala para que el “arquitecto real” los aprobara, enviando una copia al Consejo de Indias en España.

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Una vez aprobados los planos se inició la construcción bajo la responsabilidad del Maestro de Obras hondureño Miguel Quiñónez y con un presupuesto de 3 mil quinientos pesos plata se concluyó dos años más tarde, un proyecto que incluía el edificio principal, patio central y los hornos donde se fundía la plata y como es lógico pensar contaba con todas las medidas de seguridad para la protección de los bienes que ahí se manejaban, un tesoro literalmente.

Este fue el inicio de una estructura que fue la más importante para la Corona Española en la época colonial de Tegucigalpa y cuyo uso cambiaría a través de los siglos, un tesoro que se está cayendo y todavía no nos cae el veinte.

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